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El ser circense

El carrusel de imágenes,  la fugacidad del texto,  la risa interminable,  en mula inquieta  te han transformado.  Embudado en tu boca,  corre el torrente inagotable  de pienso mortificante.  Estas obras son como estancia vacía,  dispuesta como lugar de industria.  Nada,  farsa,  vanidad. ¿Qué te impide zafarte? El pienso entra dulcemente, cubriendo tupidamente la visión del matadero y del lugar en el que habitas. Pero el circo no habrá de durar largo tiempo. La putrefacción de la carne es irrenunciable.  Bien lo sabes. Rebelándote ante la barbarie,  date un entendimiento  que restaure tu unión con lo semejante.  
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El ser intranquilo

“No quieren que el alma repose ni quiete, sino que siempre trabaje y obre, de manera que no de lugar a que Dios hable” San Juan de la Cruz En autómata apresado te has vuelto,  tu amo es exigente, vierte sus hediondos ungüentos, en las marchas que repites sin cesar.  De apariencia metálica,  de influjos eléctricos rodeado,  se afana tu espíritu en gritar sus anhelos eternos. Mas el rumor que guardas se enquista en muros de soberbia.  Soberbia bien ataviada  de la que preciarse, ante el ganado de tu especie. El alma y el olor de la carne  no son del agrado del rebaño  que apacienta,  en prados  de plástico encendido.  Los demás siguen a su amo. Viven por él sin conocerlo. Lo aman sin entenderlo.  ¿Qué diferente serás tú? Así pues, obedece sus mandamientos: Procúrame un cuerpo,  despréndete de tu espíritu,  santifica las imágenes,  deshonra lo viejo,  no tomes asiento en lo oculto.  Intranquilo predica su ...