“No quieren que el alma repose ni quiete, sino que siempre trabaje y obre, de manera que no de lugar a que Dios hable”
San Juan de la Cruz
En autómata apresado te has vuelto,
tu amo es exigente,
vierte sus hediondos ungüentos,
en las marchas que repites sin cesar.
De apariencia metálica,
de influjos eléctricos rodeado,
se afana tu espíritu en gritar
sus anhelos eternos.
Mas el rumor que guardas
se enquista en muros de soberbia.
Soberbia bien ataviada de la que preciarse,
ante el ganado de tu especie.
El alma y el olor de la carne
no son del agrado del rebaño que apacienta,
en prados de plástico encendido.
Los demás siguen a su amo.
Viven por él sin conocerlo.
Lo aman sin entenderlo.
¿Qué diferente serás tú?
Así pues, obedece sus mandamientos:
Procúrame un cuerpo,
despréndete de tu espíritu,
santifica las imágenes,
deshonra lo viejo,
no tomes asiento en lo oculto.
Intranquilo predica su nueva.
Conformándose sin estar
solícito a vivir por la apariencia
de sus actos.
El rumor no calla,
ni callará nunca.
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